
En 2021, Madrid y Barcelona concentraban el 95% de todo el capital venture que entraba en España. En 2025, esa cifra es el 61%. En cuatro años, 34 puntos porcentuales se han redistribuido hacia el resto del país. No es una tendencia menor. Es una de las descentralizaciones de capital más rápidas documentadas en Europa, y casi nadie la está contando como lo que es.
Para entender por qué ese dato es relevante, hace falta contexto europeo. Francia cerró 2025 con París absorbiendo el 64% de todo el venture capital del país, exactamente el mismo porcentaje que en años anteriores. Sin movimiento. Alemania opera con un modelo policéntrico donde Berlín y Múnich compiten por el liderazgo, pero sin evidencia documentada de que el capital fluya hacia otras ciudades de forma estructural. España es, entre los ecosistemas europeos comparables, el único donde la descentralización es un fenómeno verificable y sostenido en el tiempo.
La pregunta es dónde está yendo ese capital que ya no va a Madrid y Barcelona.
Valencia: el único hub emergente con datos sólidos
Valencia cerró 2025 con €262M captados, según El Economista y los datos de Fundación Bankinter. Para calibrar ese número, en el primer semestre de 2023 la cifra total era de €30M. El salto en dos años es de un orden de magnitud, y los deals que lo sostienen tienen nombre y apellido verificables: Quibim cerró una Serie A de $50M en enero de 2025 en imaging médico con IA, Arthex Biotech levantó $45M en septiembre liderados por Bpifrance, y Fracttal captó $35M en SaaS industrial. Solo esas tres operaciones suman €91M, el 35% del total anual.
Lo que hace interesante el caso valenciano no es solo el volumen, sino la estructura. Con 24 deals hasta septiembre de 2025, el ticket medio ronda los €6,6M. Es un ecosistema de amplitud, no de concentración. El 71% de las startups activas recibió financiación en 2025, un dato que sugiere que el capital no está llegando para una sola apuesta grande sino para regar un ecosistema con cierta profundidad. Si eso se sostiene en 2026 y 2027, Valencia tiene una base más robusta que la de muchos hubs europeos que crecieron a base de un par de megarondas.
Hay otro elemento que los datos no capturan del todo pero que los inversores empiezan a mencionar: la presencia de capital internacional con oficina propia en Valencia. Bpifrance, el brazo inversor del Estado francés, lideró directamente la ronda de Arthex. Riverwood Capital, fondo estadounidense, entró también en el ecosistema valenciano en 2025. Cuando un fondo extranjero hace un deal sin pasar por Madrid es porque ya no necesita la validación del hub histórico. Eso es un cambio cualitativo, no solo cuantitativo.
El coste operativo también importa. Montar una startup en Valencia sale entre un 30% y un 40% más barato que en Madrid o Barcelona en términos de alquiler y coste de vida. Para un founder en fase seed con 18 meses de runway, esa diferencia no es cosmética. Son entre tres y seis meses adicionales de operaciones con el mismo capital levantado. En una fase donde cada semana cuenta, eso puede ser la diferencia entre llegar a la siguiente ronda o no.
San Sebastián: un número que hay que leer con cuidado
San Sebastián aparece en los datos de 2025 con €269M captados, más que Valencia y con el ticket medio más alto de España: €44,8M por operación frente a los €10,3M de Barcelona o los €9M de Madrid. El número llama la atención. El contexto lo matiza.
El 95% de ese capital corresponde a una sola operación: la Serie B de €189M de Multiverse Computing en junio de 2025, liderada por Bullhound Capital con participación de HP Tech Ventures y Toshiba. Multiverse trabaja en compresión de modelos de IA con su producto CompactifAI, y es una empresa con tracción real en un mercado que en 2025 tiene apetito inversor evidente. Pero una empresa no hace un hub.
Eso no significa que el dato sea irrelevante. Significa que hay que leerlo como lo que es: una señal de que el País Vasco tiene capacidad para atraer capital internacional de tamaño cuando tiene el activo adecuado, no como evidencia de un ecosistema descentralizado con profundidad comparable a Valencia. La diferencia entre los dos casos es estructural. Valencia tiene 24 deals. San Sebastián tiene 6, y uno de ellos pesa €189M. Son dos modelos de crecimiento completamente distintos, y confundirlos lleva a conclusiones equivocadas sobre dónde está realmente construyéndose algo nuevo.
El País Vasco tiene infraestructura industrial, universidades técnicas y una tradición de empresa familiar que históricamente no ha necesitado el venture capital para crecer. Que Multiverse haya surgido ahí y haya levantado una ronda de ese tamaño es coherente con ese perfil: tecnología profunda, largo plazo, sin prisa por el exit rápido. Si en los próximos años aparecen dos o tres empresas más con ese perfil en el ecosistema vasco, la conversación cambia. Por ahora, los datos no permiten ir más lejos.
Lo que el 95% al 61% realmente significa
La caída de la concentración madrileña y barcelonesa no es lineal ni irreversible. En 2023, Madrid y Barcelona bajaron hasta el 48% del total nacional, el dato más bajo registrado. En 2024 volvieron al 73%. En 2025 se sitúan en el 61%. La tendencia existe, pero tiene ruido. Quien quiera leerla como declive estructural de Madrid o Barcelona está forzando los datos.
Lo que sí sostienen los números es algo más matizado y más útil para pensar: el ecosistema español está desarrollando masa crítica fuera de los dos polos históricos, y lo está haciendo en un momento en que el resto de Europa no mueve ficha. Francia sigue siendo París. Alemania sigue siendo Berlín y Múnich. España en 2025 tiene cuatro ciudades con más de €100M captados en el año, y eso es algo que en 2021 habría parecido improbable.
Lo que los datos de 2024 enseñan, ese rebote al 73% de concentración, es que la descentralización no es automática. Depende de que los ecosistemas emergentes sigan produciendo deals que justifiquen la atención inversora. Un año sin grandes rondas en Valencia o sin nuevas empresas con tracción en el País Vasco y el capital vuelve a donde siempre ha estado. La geografía del venture capital es más elástica de lo que parece cuando la tendencia va en la dirección que nos gusta.
Para un founder que decide hoy dónde registrar su empresa y dónde montar su equipo, ese mapa importa. El capital ya no exige que estés en Castellana o en el 22@. Todavía no es indiferente, pero ya no es determinante. Y eso, para el ecosistema español en su conjunto, es probablemente la mejor noticia de los últimos cuatro años.